El bolsillo de los usuarios del transporte público de la Ciudad de Buenos Aires vuelve a sentir la presión. Desde el 1° de julio, las líneas de colectivos bajo jurisdicción porteña aplicaron un aumento del 4,1% que dejó el boleto mínimo en 820,99 pesos para los primeros tres kilómetros de recorrido con SUBE registrada.
El incremento responde al esquema de actualización automática que combina el último dato de inflación del Indec, que en mayo fue del 2,1%, más un adicional del 2% establecido por las autoridades nacionales. Las tarifas aumentan de manera progresiva según la distancia recorrida, con valores que llegan hasta los 1.093,91 pesos para los tramos de 12 a 27 kilómetros.
El ajuste impacta directamente en los cinco millones de usuarios que a diario utilizan el transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Este nuevo aumento se suma a los ya aplicados en lo que va del año, profundizando la crisis del costo de vida en la región.
Cabe destacar que el boleto de las líneas porteñas se mantiene por debajo del que rige en la provincia de Buenos Aires, donde el mínimo ya supera los 1.063 pesos. Esta diferencia responde a que cada jurisdicción aplica su propio esquema de actualización, aunque ambos incluyen el mismo componente inflacionario más el dos por ciento adicional.
El ajuste de julio, que también alcanzó al subte y a los peajes de las autopistas porteñas con el mismo porcentaje, fue confirmado por el gobierno de Jorge Macri luego de que el Ente Regulador de Servicios Públicos oficializara las nuevas tarifas en el Boletín Oficial. Desde la administración porteña justificaron la medida argumentando que resulta necesaria para mantener la operatividad del sistema ante el incremento de costos de combustible y mantenimiento.
Las asociaciones de consumidores ya manifestaron su rechazo al aumento y advirtieron que profundiza la asfixia económica de las familias de clase media, que destinan cada vez más proporción de sus ingresos al transporte.
